19 de Septiembre de 2006

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Todos somos Benedicto XVI

Hace varios días el Papa dio un discurso en Ratisbona en el que diferenciaba, perfectamente, entre Razón sin Dios, y Dios sin Razón… En el curso del cual dejó patente que no se podía imponer a Dios mediante la fuerza, o la violencia.

No fueron pocos los que,llevados por una bárbara concepcío teísta, decidieron que aquello era un ataque contra el Islám que merecía ser vengado. De un lado los musulmanes, del otro los progres. Unos y otros han venido realizando todo tipo de afirmaciones, amenazando unos y condenando otros; de resultas de las cuales ha sido asesinada una monja y han sido destruídas posesiones de cristianes en todo dar-al-islam…
Yihadistas
Tanto el Vaticano como la Santa Sede han intentado, en vano, frenar la avalancha recurriendo al tradicional lengüaje diplomático de la Curia; el que les permitió tratar con Hitler, Mussolini y Franco, se revela insuficiente para acallar a los musulmanes y a los progres. Los últimos, embebidos de espíritu más estaliniano del socialismo condenan, desde la ignorancia o la maldad, unas declaraciones que les superan por cuanto reivindica en papel de la religión en una sociedad que quisieran sumisa. Los primeros llevados en volandas por su secular yihad aprovechan cualquier cosa, desde unas mentiras del post, hasta unas caricaturas, para demostrar cuánto valoran la Alianza de Civilizaciones.
Progre
En este momento el Vaticano tiene 2 alternativas, una vez fracasada la política vaticana de sonrisas vacías:
1) No hacer nada.
2) Reivindicar su papel moderador y moralizador en Occidente.

Si el Vaticano deja que pase la tempestad, muchos católicos morirán, para nada, y mandará un claro mensaje de debilidad a los musulmanes y a sus aliados progres. Un mensaje cuyo coste real no se va a ver a corto plazo; un mensaje cuyos efectos sufriremos en un futuro a medio y largo plazo. La política del miedo permitió dar aparente legitimidad a otros tiranos en el pasado y perpetuarla sería un gran error.

En caso contrario, si el Vaticano se decide a dar un claro mensaje de firmeza, como el que dio contra la URSS, no quedará más que esperar y asistir a la definición de grupos claros en Occidente. De un lado los progres, jaleando a los asesinos y criticando a las víctimas y, del otro, todos los demás asistiendo abochornados al espectáculo de un Islám sanguinario contra un cristianismo que devuelve amor ante las agresiones. Los católicos ya afrontamos situaciones similares en Roma, y el norte de áfrica, y en España en época reciente (la II República). El Vaticano se dará cuenta de que todos somos Benedicto XVI cuando alce su voz en defensa de Occidente, de la Cristiandad y de los valores judeo-cristianos que han dado orígen a las modernas sociedades occidentales y a la moral liberal que nos sustenta.

Todos somos Benedicto XVISello Vaticano

Escrito por Maestre_de_Campo el 19 de Septiembre de 2006
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