Subvencionando el… paro.

Maestre_de_Campo

Imaginemos que se repartieran, entre los habitantes del primer mundo, 20500 millones de dólares, eso sería un buen pellizco. Sin entrar a considerar el impacto sobre los precios, ni tomando en consideración la devaluación de algunas monedas, lo que pasaría es que los habitantes del primer mundo gastarían ese dinero -consumirían-, o ahorrarían -invertirían- en asuntos de su interés o productos que les parecieran atractivos.

Es difícil cuantificar los miles de puestos de trabajo, y el rendimiento económico, que tal aumento de la renta significaría para las cientos de miles de familias y millones de personas del primer mundo. Esa cantidad es la que los gobiernos del primer mundo roban con la excusa de mantener en sus trabajos a los pescadores ineficientes del primer mundo.

La diferencia principal entre un negocio ineficiente y uno eficiente es que el primero derrocha más que el segundo, o bien asigna mal sus recursos, o proporciona insuficientes trabajadores, o simplemente está produciendo algo que no es demandado… mientras que el segundo hace todo eso mejor que el primero. Si los consumidores pudieran decidir qué hacer con su dinero es seguro que el impacto en el mercado laboral haría descender varios puntos el paro en países como España, pero eso es un problema porque el Gobierno no está para dar trabajo a nadie, en el peor de los casos -como los gobiernos socialistas- está para evitar que sectores improductivos desaparezcan obligando a sus trabajadores a producir algo que los demás queramos a un precio que podamos pagar.

Cada vez que rellenamos una declaración de IRPF, en el fondo, estamos consintiendo una situación de robo sistemático con la única excusa de favorecer a los privilegiados porque el Gobierno considera un remanso de votos a los pobres trabajadores; pero además legitimamos una situación de desprecio sobre la propiedad y la libertad en la que el Gobierno trata al individuo como si fuera un enfermo mental y no supiera en qué gastar su dinero.

El negativo impacto de las subvenciones, no solo sobre la economía del primer mundo, sino sobre la economía del tercer mundo es un precio muy alto para sostener un Estado del Bienestar en cuyo frontón de entrada se puede leer: “Sois todos tontos”.

23 de Junio de 2007   Leer más sobre Internacional.

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