Gore y el nobel de la paz.

Maestre_de_Campo

Obviamente quien defiende las ideologías plasmadas por Ehrlich, próximas a la eugenesia, y hace apostolado de una doctrina que luego no sigue puede ser galardonado con muchos premios, pero no con el de la paz.

Al Gore ha recibido un premio que, como dicen en The Economist, hace mucho que tiene poco que ver con el nombre que recibe.

IF THE Nobel Peace Prize were awarded for making the world a more peaceful place, then this year’s winners—Al Gore and the Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC)—would be a bizarre choice. But two out of the previous three peace prizes went to people and organisations who had nothing to do with peace. The 2004 winner was Wangari Maathai, a Kenyan woman who plants trees, and the 2006 winners were Mohammad Yunus and the Grameen Bank, a Bangladeshi microcredit institution.

Resulta evidente que hay personas para las cuales las palabras no tienen porqué tener un significado objetivo, sino que se componen de una multitud de significantes particulares, de manera que es posible que, como en Hechos de los Apóstoles, se diga una cosa y cada uno entienda lo que quiera.

El problema es que, a diferencia de lo narrado en la Biblia, el comité que concede el Premio Nobel no está favorecido con un milagro que les permite hablar de forma universal, sino que están sometidos a las mismas leyes lingüísticas que todos los demás si quieren que su mensaje se entienda.

Por premio de la paz todos entendemos aquél que se concede a quién favorece, de una u otra forma, la consecución de la Paz en el mundo. Este premio cabría dárselo, por tanto, a personajes como Arafat -que promovía la paz propugnando el exterminio de sus enemigos- y a personajes como el Comité internacional de la Cruz Roja (galardonado en 1944).

Ahora bien, usar el premio de la paz, para incentivar conductas genocidas, claramente socialistas, y marcadamente totalitarias, como las de Al Gore y sus sicarios, es un ejercicio de doblepensar a la altura del de instauración de la neolengua en dar el premio a la paz a quién promueve una guerra activa contra algo que no existe consistente en exterminar a la humanidad. Como un Don Quijote satánico, Gore tiene abierta una cruzada en la que predica una cosa y hace la contraria, y todo contra la especie a la que pertenece.

Actualización:  En el mismo sentido en EnDefensadeOccidente:

Si Rigoberta Menchú ganó un premio Nobel metiendo una sarta de mentiras, ¿Por qué Al Gore no puede ganarlo también? El hizo, o le hicieron, un documental así en plan apocalíptico, lleno de datos exagerados, erróneos o simplemente falsos, para que su “mensaje” tuviera éxito. El documental ha sido todo un éxito, y se ha vendido muy bien. Llenando las arcas de este millonario político con una gran sensibilidad ecologista, que posee una mina de cinc denunciada por sus vertidos contaminantes o su mansión, famosa por su consumo eléctrico. Que pena que ya nuestra novela picaresca no tenga sucesores, pero sería un magnífico caradura para cualquier novela.

12 de Octubre de 2007   Leer más sobre Internacional.

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Comentarios

  1. Marco Atilio - 12 de Octubre de 2007 | 21:51

    Me quedo patidifuso con la noticia, que mal están los suecos… Desde luego que no me extrañaría que esta gente acabe nombrando premio Nobel de la Paz a Zapo o al número 2 de Míster X.

    Un saludo.

  2. Maestre_de_Campo - 12 de Octubre de 2007 | 23:14

    Ya nombraron a Arafat. Cosas veredes, amigo, cosas veredes.

    Un saludo y feliz 12 de octubre.

  3. Gaspar Duarte - 13 de Octubre de 2007 | 20:09

    Puedo suponer, aun con riesgo de equivocarme, que actualmente en el mundo existen organizaciones caritativas, pongamos, mucho más merecedoras de este premio si, naturalmente, atendemos a mínimas reglas de lenguaje y entendimiento.

    No obstante, me atrevo a afirmar, como nuestro estimado Maestre de Campo, que el Premio Nobel de la Paz perdió ha mucho tiempo su significado original. Independientemente de los fines o motivaciones que las acciones puedan pretender -en este caso, la más o menos acertada defensa del llamado “cambio climático”- no pueden ser las motivadoras de la concesión de este premio: si nos ceñimos a los efectos actuales que tales prácticas han conllevado, sólo vemos confrontación, duda, disparidad e incertidumbre, por mucho “consenso” que puedan clamar sus defensores.

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