Sobre las Señales del Amor - Ibn Hazm de Córdoba: El Collar de la Paloma
Juana Irlanda
Después de soportar el trajín del empezar del día, el tener que levantarte y darte cuenta que sólo es martes y que queda mucho para el fin de semana, el hecho de tener que aguantar las huelgas de la EMT y demás gente, te hace pensar en si a lo mejor deberías cambiar de trabajo, uno en el que estés más cerca de casa, uno en el que puedas ir andando si te place o ir en coche porque está tan cerca que no vas a gastar casi combustible y te compensará porque ahorrarás tiempo de transportes públicos que tardarán más que si vas a pie. Pensar que ganarás tiempo de vida, de ocio para disfrutar con tus seres queridos si a estos también les place tu compañía,… En fin, después de replantearte tu vida cada mañana, porque con tanto trayecto tienes tiempo de pensar y martillar tu cabeza con tantos pensamientos que es difícil llegar de buen humor al trabajo.
Pero a veces el Metro de Madrid te sorprende, no por dejar que sus usuarios vayan como sardinas enlatadas, con ladrones esperando un descuido tuyo para dejarte sin un bien tuyo, viejos verdes que aprovechan e intentan meter mano entre la confusión, etc., y no te sorprende porque vuele, porque no vuela, no, ¡qué más quisiéramos los madrileños!. Te sorprende porque tienen una campaña para sacar los Libros a la Calle y en cierta manera te incita a leer, ¿Cómo? Colocándote fragmentos de libros en posters pegados en los vagones de metro. Pocos logran llamar mi atención o bien consiguen que me interesen un poco más al cerrarse las puertas del vagón una vez que me marcho para dirigirme a mi destino. Hoy ha sido uno de esos días y he leido un fragmento de un tal Ibn Hazm de Córdoba. Y para deleite de algún afortunado/a que pueda ir al trabajo en coche, disfrutando él solo o en buena compañía de la música de su interés, sin tragarse atascos, y con plaza de garaje para aparcar no gallardoniana allí va esta delicia que solo me inspira un sentimiento tan grande. como recordar lo que dejas en casa, en la cama, lo que te espera cuando vuelves, con una sonrisa que te anima y te hace ver que él día ha merecido la pena. Un saludo a todos.
“Tiene el amor señales que persigue el hombre avisado y que puede llegar a descubrir un observador inteligente.
Es la primera de todas las insistencias de la mirada, porque es el ojo puerta abierta del alma, que deja ver sus interioridades, revela su intimidad y delata sus secretos.
Así, verás que cuando mira el amante, no pestañea y que se muda su mirada adonde el amado se muda, se retira adonde él se retira, y se inclina adonde él se inclina, como hace el camaleón con el sol. Sobre esto he dicho en un poema:
Mis ojos no se paran sino donde estás tú.
Debes de tener las propiedades que dicen del imán.
Los llevo adonde tú vas y conforme te mueves,como en gramática el atributo sigue al nombre.
Otras señales son: que no pueda el amante dirigir la palabra a otra persona que no sea (…)”
22 de Abril de 2008
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